sábado, 4 de abril de 2015

Cascaron cerrado

Fuera era un día de sol radiante, que llenaba el lugar del resplandor verde y azul de los árboles reflejados en el lago. Dentro, en un pequeño mundo lleno de sombras, un ser sin sol llegaba a las puertas de la vida luego de un sueño largo a través del tiempo.

Era verano, el tiempo en que las aves reciben a quienes poblarán los cielos con nuevas alas. El instinto las hizo viajar largas distancias, y ese mismo instinto es el que hace a los pichones romper el cascarón y amanecer bruscamente de la oscuridad hacia un nuevo dia. Pero el instinto puede fallar.

Fuera, el piar de otras criaturas lo aterrorizaba, sonidos desconocidos en este plano de nueva percepción lo paralizaban y él se esforzaba por no emitir sonido ni mover ninguno de sus recién formados músculos. No sentía olor a nada, más que a sí mismo, no lograba ver nada, ya que no había luz alguna que se colara por la dura piel que lo envolvía, sólo escuchaba a través de un velo negro las cosas que sucedían fuera.

Enroscado en su mundo, temeroso y nervioso, esperó el silencio antes de arriesgarse a cualquier cosa. Pero, ¿cómo pasa el tiempo en un universo tan pequeño? Lento, muy lento. Tan lento que cada segundo parece una hora y cada hora se hace vuelve un día entero. Poco a poco el pollito se sintió adormecer, regresando al sueño de donde había venido. A tan solo un paso de vivir, el miedo lo retuvo entre sus sombras, y la vida latente, al no encontrar un medio para desenvolverse, lo abandonó.

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