miércoles, 21 de julio de 2021

Adiós querido

No quiero faltarle el respeto a nadie.
Esto lo escribo porque lo necesito, porque el golpe fue más duro de lo que pude soportar,
porque el dolor es más grande de lo que esperaba
porque lo quiero más de lo que pensaba.

Esta es una historia escrita para mí, porque lo necesito. Es una historia tan posible como cualquier otra, y no tiene por qué ser verdad, es para llevar fantasía ahí donde la realidad es oscura y no tiene sentido. Y la publico para no olvidarla nunca.

Dicen algunos que se trata de un túnel oscuro, con una luz blanca al final, hacia la cual uno se aproxima. Dicen otros que es una escalera que lleva a un portón de rejas doradas.
Yo creo que cuando se debe a una enfermedad, uno va por un camino que desciende, la enfermedad lo hace más fácil de recorrer y uno va en bajada y se acerca a una puerta de luz, que es el final del camino.

Creo yo que ahí estaba él, al final del camino, a punto de cruzar la puerta, el día que los doctores nos dijeron "Recen, porque nosotros ya no podemos hacer más". Y así lo hicimos. Rezamos, y pedimos, y otros muchos se sumaron. Y yo creo que sirvió.

Ahí frente a la puerta, Luis escuchó a sus espaldas que lo llamaban: ¡Luiiiiis!¡Luuuuuchi!¡Tíiiio!¡Papá!¡Hijo!¡Mi amor! y no atravesó el portal. Se volteó y volvió sobre sus pasos, pero ahora el camino era en subida.
Entonces el ángel que siempre lo acompañó se le acercó. - ¿A dónde vas? - le preguntó.
- No sé - respondió - Escuché que me llamaban.
- Sí, te llaman, y muchos te esperan - contestó el ángel.
- A donde iba también me esperan - dijo Luis mirando atrás, al portal de luz.

- Allí de donde vienes, donde el tiempo corre, tu familia, tus amigos y los amigos de tus amigos te envían fuerzas para que vuelvas con ellos - contó el ángel.
- Entonces volveré - dijo Luis.
- Es tu decisión, pero es mi deber informarte: ha pasado tiempo.
- ¿Qué significa eso? - preguntó Luis mientras daba pasos largos, levantando mucho las rodillas porque era difícil subir.
- Tu cuerpo ya no está igual, a medida que te alejabas se fue deteriorando y no lo encontrarás tal como lo recuerdas.

- ¿Voy a poder caminar?
- Tomará su tiempo.
- ¿Voy a poder abrazar a los que quiero?
- Con esfuerzo, sí.
- ¿Voy a poder hablar?
- No - contestó el ángel, y Luis detuvo su marcha.
- ¿Podré valerme por mí mismo?
- Sí, pero como dije antes, allí a donde vuelves las cosas toman su tiempo- contestó el ángel - Pasarán años y requerirá esfuerzo, tuyo y de los que te rodean, para recuperar algo de lo que fue la fuerza y el cuerpo que tenías.

Y allí, a medio camino, comenzó una conversación hecha de preguntas y respuestas, donde él preguntaba cómo sería cuando volviera y el ángel respondía sin rodeos.
Mientras tanto yo, lejos, acá donde el tiempo corre, esperaba que las cosas dependieran de mí, y todo se adapte a mi capricho.

- No quiero que mis padres me vean así el resto de sus vidas - dijo Luis - Y no quiero que mis hijos tengan un padre que sufre. Y no quiero que ella deba cuidar de mí tantos años y no poder hacer juntos tantas cosas.
- Es tu decisión -dijo el ángel.
- Quiero que me recuerden como hasta ahora - respondió Luis - que guarden el recuerdo que yo guardo, y se queden con la vida que tuve hasta hoy - y luego añadió - ¿Van a estar bien?
- Depende en gran parte de ellos mismos, pero siempre estarán cuidados, y mientras se mantengan juntos, los podrás acompañar - dijo el ángel - Cuando atravieses el portal, entenderás mejor muchas cosas. No te preocupes.

- Me gustaría ir a decirles, quiero explicarles por qué.
- Si es lo que quieres, vamos. - dijo el ángel - Pero es mi deber otra vez decirte, tu cuerpo está cansado, y no está en una posición cómoda para hablar, es posible que no puedas decir todo lo que quieres.
- No importa, lo quiero intentar.

Y así fue. Luego de casi un mes, Luchi despertó. Y estuvo despierto un día entero en el que no pudo decir una sola palabra. Después volvió a recorrer el camino en bajada, esta vez hasta el final y atravesó esa puerta de luz.


No se qué será de vos, dónde estarás ni qué estarás haciendo, pero te aseguro que vamos a cuidar de tu familia y tus amigos. Y vamos a recordarte siempre como vos querías, con esa sonrisa y ese brillo en la mirada, con esa voz tan dulce, caminando tranquilo y siendo muy feliz.

TE QUIERO, TÍO.