El problema es que me siento solo y vos no lo entendes, ¿entendes? Años, años buscando la forma de amar y hoy siento que no aprendí nada. Solo, herido y sin dirección, así me siento.
Solo porque aunque somos miles en el mismo juego estamos en casillas diferentes y compitiendo por llegar a ningún lugar, y encima eso no importa ¿Sabés lo que importa? Llegar primero, llegar primero importa, no importa si no vamos a ningún lado, la gente igual quiere llegar primero, por eso estoy solo, yo me quede atrás por no querer pisar cabezas.
Herido por lo que la vida me hizo, lo que el mundo me hizo, las veces que aposté las fichas a promesas vacías que fueron partidas perdidas en tiempo y en sentimientos, amé o creí amar pero no tuvo sentido, el final está cerca del que tiene miedo de que todo se acabe y yo siempre tuve miedo, y siempre se acabó. No es que sea pesimista, quizá tenga un sexto sentido que me ayuda a predecir el final terrible de historias poco felices.
Y sin dirección porque aposte todas las fichas y ya no me queda ninguna para apostar en esta mesa sin sentido que tiene mil números y nunca gana uno mío.
¿Me dejás hablar?¿O tengo que resignarme a quedarme callado y escuchar el llanto histérico de un ciego que se ató las manos? Vos no apostaste las fichas, ¡las regalaste! Saltaste de casilla en casilla regalando fichas al que se quedaba atrás y por eso ahora estás sin nada, ¿pero ahora te quejás? Eras el heraldo de las buenas noticias, mentiras o verdades no importa, eran la alegría de la gente que busca compañía. ¿Qué pasó con eso? ¿Dónde quedó el amor a la vida que decías? El tiempo se pasó mientras vivías las vidas de la gente que querías, el amor fue un regalo que diste sin guardarte nada, y ahora esperas respuesta de gente que siguió su camino. ¿Sabés cuál es tu problema? Dejaste tu vida en último lugar y ahora te urge recuperarla. Mientras tus años pasaron dejaste descuidada la casilla donde habitabas vos. Limpiaste mugre ajena de vidas ajenas y en tu casa quedó un basural.
¡Ah, siempre tan sabio vos! ¿Y qué querés que haga ahora? Ya es tarde, no hay tiempo. Soy el último en la fila eterna de la gente que nace, vive y muere, sólo que yo muero más de lo que vivo. El tren de la alegría pasó mientras yo no estaba y mi estación quedó vacía. Sólo yo y el polvo de viejos días. Avanzar se hace difícil cuando el camino se ve borroso y las esperanzas se vuelven esperas de cosas que no suceden jamás. Mi presente es lo que quedó de un pasado descuidado y para arreglarlo tendría que nacer de nuevo. Sólo me queda esperar reencarnar en otra vida.
Pero todavía estás vivo, ¿o no? Todavía la gente te ve caminar, y seguís gastando el aire que otro cuerpo podría utilizar. El pasado es sólo el conjunto de recuerdos que no pudiste olvidar, dentro tuyo el terreno es lo que vos hagas de él, todavía no pudiste perder, ¿Sabés por qué? Porque no se puede perder, no importa cuánto fracases, siempre vas a tener otra oportunidad, no importa cuánto gastes, siempre la máquina te devuelve una moneda.
No, a mí la máquina me odia. Para vos es fácil decir las cosas, no estas en mi lugar. No entendés lo que siento.
¿Y qué hay que entender? A ver, explicame. Lo tuyo es una elección, te negás a ser feliz porque es más fácil no hacer nada. Dejarse morir es fácil, vivir es un poco más difícil que eso.
sábado, 30 de noviembre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
Ella y El
- 1, 2, 3...!
Los vasos se elevan y se inclinan, su contenido desaparece ante los ojos de los que beben. El baja su vaso y lo golpea contra la mesa, Ella lo imita unos segundos después. El sonríe alegre y socarrón, Ella lagrimea y respira hondo. El se ríe, Ella lo ama. De fondo suena Avanti Morocha y las voces que charlan en las demás mesas, pero nada los molesta. Ella eleva su mano y levanta el índice, El acerca su oído y Ella le arrima los labios, le dice algo. Ella se levanta y se va.
El la espera mirando a su alrededor: luces tenues, cuadros, un parlante. Por la ventana ve el cielo de verano estrellado y espectacular.
- Realmente una hermosa noche - piensa para sí.
- Con una hermosa mujer - dice al aparecer Ella. Ella se tambalea entre las mesas acercándose a El. El se levanta toma el abrigo y se lo alcanza.
- Vamos - Ella asiente con la cabeza.
El desencadena la moto y Ella le alcanza el casco. Ella recuerda a su madre y El piensa en lo que seguirá. Se suben, El maneja y mientras Ella lo abraza. El ve luces que se acercan desde un punto en el horizonte. Ella con los ojos cerrados, apoya su oído y lo escucha respirar.
La avenida parece vacía, desde las escasas casas se puede ver un hombre con casco a toda velocidad que lleva abrazada a él una hermosa mujer de rizos al viento que sonríe con la cabeza apoyada en su espalda. No hace calor, y la noche está hermosa...
¡Rojo! El abre sus manos, se yergue sobre sus brazos y presiona fuerte los frenos con sus dedos. Ella parece despertar exaltada de un hermoso sueño. Ambos se inclinan hacia la izquierda, El se aferra a la moto y Ella no logra aferrarse a El. El cae sobre su cintura y la moto sobre su pierna, Ella vuela del cielo al asfalto. El siente su cabeza sacudirse dentro del casco que rebota en el suelo, y percibe como se arrastra su pie sobre el concreto debajo de la moto. Ella siente que se asfixia, ve cielo, estrellas, suelo, un árbol, un faro, el piso, sus rizos, sangre y a El, lo ve rasparse contra el piso e intentar tomar la moto en vano.
- ¡Mariela!- Ella escucha la voz de El pero no ve. El se desespera, mira alrededor y no logra divisarla, siente las rodillas rotas, la sangre que se escapa de su cintura, el frío y el calor que se pelean por rodearlo. Ella descansa, siente un frío que la envuelve y la dureza del asfalto donde apoya su cabeza, no ve, sólo escucha y apenas respira.
El grita y se le deshace la garganta: -¡Mariela!¡Mariela, ¿donde estás la puta madre?¡Ayuda!-.
Por fin la ve, desmayada sobre la banquina debajo de un árbol. Se quita el casco, toma la moto sobre su pie y logra sacársela de encima con toda la fuerza de su voluntad. Se arrastra hasta ella lentamente. La llama pero no responde, tiene la cara hacia él pero los ojos cerrados. El llora, Ella dibuja una sonrisa en su mente, El piensa en su madre y Ella recuerda lo que seguirá. El toma su mano y acaricia su cara, a Ella le toman la vida y acaricia el cielo. Ella se ríe lejos, El la ama ahí mismo. Piensa en el futuro, la falta, el dolor, el pasado, la noche, la culpa, siente que se le vacía el alma, un nudo le cierra la garganta y las lágrimas le cierran los ojos.
Llegan los vecinos, El se queda inmóvil llorando, Ella se fue.
Los vasos se elevan y se inclinan, su contenido desaparece ante los ojos de los que beben. El baja su vaso y lo golpea contra la mesa, Ella lo imita unos segundos después. El sonríe alegre y socarrón, Ella lagrimea y respira hondo. El se ríe, Ella lo ama. De fondo suena Avanti Morocha y las voces que charlan en las demás mesas, pero nada los molesta. Ella eleva su mano y levanta el índice, El acerca su oído y Ella le arrima los labios, le dice algo. Ella se levanta y se va.
El la espera mirando a su alrededor: luces tenues, cuadros, un parlante. Por la ventana ve el cielo de verano estrellado y espectacular.
- Realmente una hermosa noche - piensa para sí.
- Con una hermosa mujer - dice al aparecer Ella. Ella se tambalea entre las mesas acercándose a El. El se levanta toma el abrigo y se lo alcanza.
- Vamos - Ella asiente con la cabeza.
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El desencadena la moto y Ella le alcanza el casco. Ella recuerda a su madre y El piensa en lo que seguirá. Se suben, El maneja y mientras Ella lo abraza. El ve luces que se acercan desde un punto en el horizonte. Ella con los ojos cerrados, apoya su oído y lo escucha respirar.
La avenida parece vacía, desde las escasas casas se puede ver un hombre con casco a toda velocidad que lleva abrazada a él una hermosa mujer de rizos al viento que sonríe con la cabeza apoyada en su espalda. No hace calor, y la noche está hermosa...
¡Rojo! El abre sus manos, se yergue sobre sus brazos y presiona fuerte los frenos con sus dedos. Ella parece despertar exaltada de un hermoso sueño. Ambos se inclinan hacia la izquierda, El se aferra a la moto y Ella no logra aferrarse a El. El cae sobre su cintura y la moto sobre su pierna, Ella vuela del cielo al asfalto. El siente su cabeza sacudirse dentro del casco que rebota en el suelo, y percibe como se arrastra su pie sobre el concreto debajo de la moto. Ella siente que se asfixia, ve cielo, estrellas, suelo, un árbol, un faro, el piso, sus rizos, sangre y a El, lo ve rasparse contra el piso e intentar tomar la moto en vano.
........
- ¡Mariela!- Ella escucha la voz de El pero no ve. El se desespera, mira alrededor y no logra divisarla, siente las rodillas rotas, la sangre que se escapa de su cintura, el frío y el calor que se pelean por rodearlo. Ella descansa, siente un frío que la envuelve y la dureza del asfalto donde apoya su cabeza, no ve, sólo escucha y apenas respira.
El grita y se le deshace la garganta: -¡Mariela!¡Mariela, ¿donde estás la puta madre?¡Ayuda!-.
Por fin la ve, desmayada sobre la banquina debajo de un árbol. Se quita el casco, toma la moto sobre su pie y logra sacársela de encima con toda la fuerza de su voluntad. Se arrastra hasta ella lentamente. La llama pero no responde, tiene la cara hacia él pero los ojos cerrados. El llora, Ella dibuja una sonrisa en su mente, El piensa en su madre y Ella recuerda lo que seguirá. El toma su mano y acaricia su cara, a Ella le toman la vida y acaricia el cielo. Ella se ríe lejos, El la ama ahí mismo. Piensa en el futuro, la falta, el dolor, el pasado, la noche, la culpa, siente que se le vacía el alma, un nudo le cierra la garganta y las lágrimas le cierran los ojos.
Llegan los vecinos, El se queda inmóvil llorando, Ella se fue.
jueves, 26 de septiembre de 2013
El Inquilino
-Ese maldito inquilino me tiene cansado, che. Siempre criticando lo que hago, siempre diciéndome "eso está mal", "eso no se hace", no lo aguanto. Ya no recuerdo ni cuando empezó, mirá. Desde chiquito...
-No entiendo, ¿qué inquilino, qué hizo?
-¡De todo! Lo primero que me acuerdo es de cuando tenía 8 años. Mi vieja me había mandado a comprar no se qué, pero la cosa es que era más barato de lo que ella pensaba. Entonces quise guardarme el vuelto, ¡para qué! Cuando estaba llegando a mi casa empezó: "¿A vos te parece bien, nene, sacarle plata a tu mamá que hace tanto por vos? Sos un des-a-gra-de-ci-do" Así con énfasis.
- ¿Y qué le dijiste?
-Nada, ¿qué le voy a decir? Le di todo el cambio a mi mamá.
- Bueno, razón tenía.
-Si, si, eso es lo que más me jode, siempre tiene razón. Por ejemplo, ¿te acordás cuando salía con Laura?¿Cuántos años teníamos, 15, 16?
-Vos tenías 15, yo 16.
-Bueno, ¿te acordás? Cuando estaba saliendo con Lau vos me presentaste a Lucila, la coloradita de al lado de tu casa.
-Si, me acuerdo, pero nunca estuviste con ella, ¿o si?
-Sí, estuve... y no, no estuve.
-¿Cómo?No entiendo.
-Estaba saliendo con Laura, me presentaste a Lucila. "Empecé" a salir con Lucila, pero ahí de vuelta el inquilino. "Que qué estoy haciendo", "que le estoy mintiendo a las dos", etcétera, etcétera. ¿Sabes que hice?
-No, ni idea.
-¡Las dejé a las dos!¿Te das cuenta? Siempre se metió en mi vida.
-Bueno, mirá, yo sigo sin entender.
-¿Qué no entendés, Hernán, qué no entendés?
-¿De qué inquilino me estás hablando? Si vos no vivís ni cerca de un edificio.
-De la concienca, Hernán, ¡de la CONCIENCIA!
-No entiendo, ¿qué inquilino, qué hizo?
-¡De todo! Lo primero que me acuerdo es de cuando tenía 8 años. Mi vieja me había mandado a comprar no se qué, pero la cosa es que era más barato de lo que ella pensaba. Entonces quise guardarme el vuelto, ¡para qué! Cuando estaba llegando a mi casa empezó: "¿A vos te parece bien, nene, sacarle plata a tu mamá que hace tanto por vos? Sos un des-a-gra-de-ci-do" Así con énfasis.
- ¿Y qué le dijiste?
-Nada, ¿qué le voy a decir? Le di todo el cambio a mi mamá.
- Bueno, razón tenía.
-Si, si, eso es lo que más me jode, siempre tiene razón. Por ejemplo, ¿te acordás cuando salía con Laura?¿Cuántos años teníamos, 15, 16?
-Vos tenías 15, yo 16.
-Bueno, ¿te acordás? Cuando estaba saliendo con Lau vos me presentaste a Lucila, la coloradita de al lado de tu casa.
-Si, me acuerdo, pero nunca estuviste con ella, ¿o si?
-Sí, estuve... y no, no estuve.
-¿Cómo?No entiendo.
-Estaba saliendo con Laura, me presentaste a Lucila. "Empecé" a salir con Lucila, pero ahí de vuelta el inquilino. "Que qué estoy haciendo", "que le estoy mintiendo a las dos", etcétera, etcétera. ¿Sabes que hice?
-No, ni idea.
-¡Las dejé a las dos!¿Te das cuenta? Siempre se metió en mi vida.
-Bueno, mirá, yo sigo sin entender.
-¿Qué no entendés, Hernán, qué no entendés?
-¿De qué inquilino me estás hablando? Si vos no vivís ni cerca de un edificio.
-De la concienca, Hernán, ¡de la CONCIENCIA!
martes, 27 de agosto de 2013
Se cayó el techo
Ayer no vine porque me quedé dormido. Le cuento.
Me despierto a eso de las 11:00 con hambre. Decido cocinar pizza para comer.
No se amasar, compro prepizza. Busco el abridor, dentro de la lata encuentro una oreja, mi abuela grita. Se me cae el tomate, y la sangre brota de cuchillo que corta el queso. Mi hermana asesina danzante con auriculares, aislada de todo y yo pienso en el porvenir mientras cae jugo de tomate frío.
Susurra un canario desde mi ventana: "¿Lucas?" me dice. Abro la puerta y entra, ¡es Miguel! Tan chiquito no lo reconocía. Enciende la tele y espera hambriento. "Lo mejor que me pudo pasar en el viaje fue mirarte y seguir" le digo a mi ventana, pero el paisaje no me oye. La abuela se calla, también tiene hambre.
El horno larga niebla y se abre, el calor hace sudar mi frente. Sale una grande muzzarella o mozarela o como se diga. La hoja se hunde sin piedad y descuartiza su presa en ocho pedazos. El sol entra por la ventana y se sienta en el sillón. Ya nada me sorprende, demasiada hambre.
Se incendian las cortinas, empiezan las corridas y mi porción se desliza entre mis dedos. Miguel sale volando, mi hermana baila ska hasta la puerta y mi abuela se duerme en el sofá.
La ventana me responde, pero no importa lo que dijo.
Lo importante, señorita es que no hice la tarea porque el techo se cayó.
Me despierto a eso de las 11:00 con hambre. Decido cocinar pizza para comer.
No se amasar, compro prepizza. Busco el abridor, dentro de la lata encuentro una oreja, mi abuela grita. Se me cae el tomate, y la sangre brota de cuchillo que corta el queso. Mi hermana asesina danzante con auriculares, aislada de todo y yo pienso en el porvenir mientras cae jugo de tomate frío.
Susurra un canario desde mi ventana: "¿Lucas?" me dice. Abro la puerta y entra, ¡es Miguel! Tan chiquito no lo reconocía. Enciende la tele y espera hambriento. "Lo mejor que me pudo pasar en el viaje fue mirarte y seguir" le digo a mi ventana, pero el paisaje no me oye. La abuela se calla, también tiene hambre.
El horno larga niebla y se abre, el calor hace sudar mi frente. Sale una grande muzzarella o mozarela o como se diga. La hoja se hunde sin piedad y descuartiza su presa en ocho pedazos. El sol entra por la ventana y se sienta en el sillón. Ya nada me sorprende, demasiada hambre.
Se incendian las cortinas, empiezan las corridas y mi porción se desliza entre mis dedos. Miguel sale volando, mi hermana baila ska hasta la puerta y mi abuela se duerme en el sofá.
La ventana me responde, pero no importa lo que dijo.
Lo importante, señorita es que no hice la tarea porque el techo se cayó.
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