Los vasos se elevan y se inclinan, su contenido desaparece ante los ojos de los que beben. El baja su vaso y lo golpea contra la mesa, Ella lo imita unos segundos después. El sonríe alegre y socarrón, Ella lagrimea y respira hondo. El se ríe, Ella lo ama. De fondo suena Avanti Morocha y las voces que charlan en las demás mesas, pero nada los molesta. Ella eleva su mano y levanta el índice, El acerca su oído y Ella le arrima los labios, le dice algo. Ella se levanta y se va.
El la espera mirando a su alrededor: luces tenues, cuadros, un parlante. Por la ventana ve el cielo de verano estrellado y espectacular.
- Realmente una hermosa noche - piensa para sí.
- Con una hermosa mujer - dice al aparecer Ella. Ella se tambalea entre las mesas acercándose a El. El se levanta toma el abrigo y se lo alcanza.
- Vamos - Ella asiente con la cabeza.
........
El desencadena la moto y Ella le alcanza el casco. Ella recuerda a su madre y El piensa en lo que seguirá. Se suben, El maneja y mientras Ella lo abraza. El ve luces que se acercan desde un punto en el horizonte. Ella con los ojos cerrados, apoya su oído y lo escucha respirar.
La avenida parece vacía, desde las escasas casas se puede ver un hombre con casco a toda velocidad que lleva abrazada a él una hermosa mujer de rizos al viento que sonríe con la cabeza apoyada en su espalda. No hace calor, y la noche está hermosa...
¡Rojo! El abre sus manos, se yergue sobre sus brazos y presiona fuerte los frenos con sus dedos. Ella parece despertar exaltada de un hermoso sueño. Ambos se inclinan hacia la izquierda, El se aferra a la moto y Ella no logra aferrarse a El. El cae sobre su cintura y la moto sobre su pierna, Ella vuela del cielo al asfalto. El siente su cabeza sacudirse dentro del casco que rebota en el suelo, y percibe como se arrastra su pie sobre el concreto debajo de la moto. Ella siente que se asfixia, ve cielo, estrellas, suelo, un árbol, un faro, el piso, sus rizos, sangre y a El, lo ve rasparse contra el piso e intentar tomar la moto en vano.
........
- ¡Mariela!- Ella escucha la voz de El pero no ve. El se desespera, mira alrededor y no logra divisarla, siente las rodillas rotas, la sangre que se escapa de su cintura, el frío y el calor que se pelean por rodearlo. Ella descansa, siente un frío que la envuelve y la dureza del asfalto donde apoya su cabeza, no ve, sólo escucha y apenas respira.
El grita y se le deshace la garganta: -¡Mariela!¡Mariela, ¿donde estás la puta madre?¡Ayuda!-.
Por fin la ve, desmayada sobre la banquina debajo de un árbol. Se quita el casco, toma la moto sobre su pie y logra sacársela de encima con toda la fuerza de su voluntad. Se arrastra hasta ella lentamente. La llama pero no responde, tiene la cara hacia él pero los ojos cerrados. El llora, Ella dibuja una sonrisa en su mente, El piensa en su madre y Ella recuerda lo que seguirá. El toma su mano y acaricia su cara, a Ella le toman la vida y acaricia el cielo. Ella se ríe lejos, El la ama ahí mismo. Piensa en el futuro, la falta, el dolor, el pasado, la noche, la culpa, siente que se le vacía el alma, un nudo le cierra la garganta y las lágrimas le cierran los ojos.
Llegan los vecinos, El se queda inmóvil llorando, Ella se fue.
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